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Tina Casanova
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Reflexión para la apertura de la Semana de la Lengua 2017

May 7, 2017

Fabriquemos juntos la Patria nueva que todos anhelamos

 

Corren tiempos difíciles.  Todos lo sabemos.  Y es momento de detenernos a reflexionar un poco sobre nuestros próximos pasos.  Estamos en una bifurcación del camino donde los letreros direccionales han desaparecido.  Y hay que adivinar hacia dónde dirigirnos. Detengámonos a la orilla.  Y sentémonos. De este ejercicio tal vez dependerá el bienestar futuro de los que queden atrás.

     Nos daremos cuenta que hemos estado demasiado tiempo conjugando mal pronombres y verbos en nuestro ejercicio de vida. Tal vez sería importante comenzar de alguna forma a pensar, actuar y vivir utilizándolos de manera diferente.

     Que tal si cambiáramos el yo, por el nosotros.  El mío por lo nuestro. El quiero por el queremos. El soy por el somos. El necesito por el necesitamos.  Y así, uno por uno, hasta que convirtamos mi mundo, mi vida y mi bienestar en un sitio amplio donde quepan nuestro mundo, nuestra vida y nuestro bienestar.

     Hace mucho tiempo que desalojamos de nuestras vidas un inquilino molesto, pero necesario.  El sacrificio.  En su lugar albergamos con mimos y fanfarria al beneficio.  Hemos cambiado el ser por el tener.  La gente nos da felicidad, las cosas materiales nos dan comodidad.  Y en esa comodidad se alojó con ínfulas de gran señor don Beneficio.  Y cambió nuestras vidas.  Hemos terminado siendo una sociedad cómodamente infelices. Adquirimos cosas que no necesitamos con dinero que no tenemos. La propaganda consumista nos llegó desde el norte y nos nubló la razón.

     Es hora de comenzar a tomar otro camino.  Al principio nos parecerá algo más que un trillo estrecho, incómodo y resbaladizo.  Pero podemos convertirlo en una avenida amplia y solidaria donde caminemos todos hacía una misma meta y con el solo propósito en mente de fabricar un mundo diferente. Pero antes de comenzar a caminar, debemos labrar ese camino desde adentro de nosotros mismos.  Un camino fabricado de mente y corazón tenaces y valerosos.  Sólo de esa manera podríamos continuar sin miedo a los escollos que podríamos encontrar, porque estaremos seguros de andar por el camino correcto.

     Entonces nuestros ojos podrán ver la realidad tal cual es.  Veríamos que nuestros niños están creciendo rodeados de superfluidad, trivialidades e hipocresías sociales.  Haz lo que te digo y no lo que yo hago es la enseñanza fatua por donde los valores se escapan en hoyos de indiferencia y dejadez. De esa manera construimos una zapata falsa para el mundo nuevo que todos anhelamos desde nuestros corazones.

     Dibujemos sonrisas en las caras amargas de nuestra niñez.  Dejemos ya de criar princesas para que enfrenten la guerra de la vida con una varita mágica.  Y bravucones con el cerebro en el mollero. 

     Nadie.  Ni el gobierno, ni el estado construirán el mundo nuevo que anhelamos.  La Patria noble donde todos podamos vivir con un mínimo de sosiego y paz. Concentrémonos primero en las cosas pequeñas, pero esenciales.  Comencemos desde lo micro y caminemos unidos hacía el macro resplandeciente que se vislumbra al final del camino.  Comencemos por lo básico.  Un ejemplo de lo hablo son los libros.

     Las universidades fabrican profesionales, Los libros fabrican seres humanos.  Como educadores, nos esforzamos porque nuestros niños tengan un buen aprovechamiento académico, pero les privamos de la herramienta vital, un simple libro. Mamá no lee, papá no lee, maestra no lee, bibliotecaria no lee.  Pero queremos que nuestros niños sean lectores. Jamás comprenderá el niño que un libro es diversión.  Si desde pequeño mamá y papá no sacan tiempo de sus ajetreadas agendas de vida para sentarse a leer un pasaje en familia, jamás el niño asociará el libro a cariño, tiempo de calidad y diversión.  El primer encontronazo con el libro en la escuela será trabajo y tarea y como tal será enfrentado.

     Yo soy todos los libros que he leído.  Todos los amigos que han tocado mi vida.  Todos los conflictos que he tenido que resolver con dolor y sangre, todas las piedras que tuve que vencer de mi caminar.  Yo soy el cúmulo de vida que he arrastrado a lo largo del camino.  Lo bueno y lo malo.  Y soy experiencia y voluntad.  Yo soy todos y todo, sin embargo sigo siendo diferente.

     Recoger velas en este bergantín loco en el cual pretendemos cruzar los mares embravecidos de nuestro mundo moderno. A veces y con la mejor intención quitamos del camino de nuestros hijos y nietos las piedras con las cuales nosotros mismos tropezamos.  Fueron esas piedras las que forjaron nuestro carácter de personas responsables, conscientes, solidarias y decididas. Esa piedra será la forjadora de confianza en ellos mismos y sus capacidades para enfrentar las dificultades de su vida de adulto.

     La niñez es la semilla de la Patria.  Esas cabecitas pensantes, ávidas de todo, que se presentan cada día a los salones de clases y se abandonan inocentemente a nuestro cuidado y servicio son tierra fértil para la siembra del mañana. No deja de sorprendernos a Sigfredo y a mí el talento innato de nuestros niños.  Hemos tenido la oportunidad de ver los trabajos que se han venido realizando para la fiesta de la Lengua.  Esas voces de nuestros jóvenes trovadores.  La creatividad y habilidad histriónica.  El verbo fluido y libre pensante de nuestros oradores. La mano firme de trazos seguros que rasgan los lienzos y nos traen imágenes adorables.

     Tenemos lo más valioso que pueda tener una Nación.  Lo que nadie nos podrá arrebatar jamás.  Tenemos capital humano y por ello apostamos. Tenemos además la esperanza de una vida mejor.  Y cuando la esperanza es lo único que nos queda, la esperanza es lo único que necesitamos.  Comencemos a repetir la frase de Malala Yousafzaí ante las Naciones Unidas: ‘’un niño, un profesor, un libro y una pluma pueden cambiar el mundo’’  Hagámosla nuestra y con ella como estandarte marchemos unidos. Ya lo dijo García Lorca: “Dadme medio pan y un libro.’’

     Nadie entonces podrá decirnos que no hay Patria.  Nadie nos hará creer que estamos derrotados.  Que el único camino que nos queda es hacer la maleta y cruzar el charco.  Nuestra patria de momento se nos presenta amarga, pero, al igual que el vino, es nuestra patria.  Y aquí y ahora, tú y yo, comenzando por la semilla que son nuestros niños, construyamos esa Patria noble que deseamos. El tiempo para la indecisión ha terminado.  ¡Las campanas tocan a duelo! Y como soldados dispuestos a ganar la batalla final y definitiva, marchemos todos, con un libro, una pluma en la mano, y una idea fija como estandarte: fabricar en nuestros niños los ciudadanos que conformarán esa Patria noble y segura que todos anhelamos.

¡Muchas gracias y feliz día!

Tina Casanova
mayo 01, 2017
Semana de la Lengua

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